Primer baño del año. Me supo. San Andrews. Me vine con la moto a uno de mis restaurantes favoritos de siempre. Amigos y geniales. Muy amables y con un pescado excepcional. A día de hoy 24 euros kilo. Con la guerra, la inflación y como está la mar es un precio razonable dada la calidad y frescura del mismo. En la subida del Suculum. Restaurante Pepín. Vino blanco fresco y delicioso. Chopos con mojo. Y pescado del barquito que viene de la Punta. Uno de mis lugares favoritos. Familiar y genuino. Tengo el hueco justo para la moto. A mí madre le cuesta venir por la silla pero espero repetir con ella aquí. El tiempo pasa y no se lo que me durará. Temporada de perdidas tras la muerte de mi tía, mi abuela y mi mejor amiga, Macu.
¿Cómo estará Pepino sin ella?
Mi niña. Ella me enseñó a cocinar buenos platos. Mis huevos rotos estilo toledano son de ella. Con vinagre macho y aceite de la fritura del huevo. 8 huevos por kilo de papas. Pimentón de la Vera. Como el apellido de mi abuela. Y un poco de serrano de calidad. Pruébenlo con una pizca de sal y perejil, es incomparable. A mí querido Javier Cenzual le encantan. Deben tener un toque sexy o algo.
Quedan 20 minutos para abrir. Ojalá halla abadejo. A la espalda me encanta. Con el ajo justo y sin enmascarar el sabor del pescado. Aquí no se andan con bobadas. La plancha y el cocinero son serios.
Don Luis González Cabrera de llama el señor.
Enraizado con Suecia. Desplazado y nórdico. Un Canario más como diría Juan Hidalgo y original.
Éste es un imperdible de la cocina canaria, con el Túnel y el Petón de los imprescindibles de pescadito fresco de la zona capital.
Por cierto en el Pepín la ensaladilla rusa es de campeonato. Fina, fresca y del día. Bien hecha y segura. Tradición.
Suelen tener salemas, un pescado humilde canario que no se estila en todos sitios.





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